El 27 de febrero es el día más importante y especial de los dominicanos. Es el día donde celebramos nuestra independencia y conmemoramos el amor, sacrificio y valentía de los hombres y mujeres que nos legaron una patria libre. En este día sagrado para la nación dominicana honramos la memoria de nuestros Padres de la Patria, y la mejor manera de hacerlo es renovando nuestro compromiso con los valores que dieron origen a nuestra República Dominicana.
La independencia no es solo un hecho histórico; es una responsabilidad permanente. Es la obligación de proteger y fortalecer nuestras instituciones y nuestra identidad nacional.
En este día tan importante, en el que todos deberíamos estar celebrando orgullosamente ser supuestamente libres y soberanos, es importante hacer un análisis consciente.
¿Somos independientes? ¿Existe esa libertad en República Dominicana?
Lamentablemente celebramos algo ficticio que no existe, porque los políticos nos lo han quitado. Es inaceptable que los tratados internacionales y los caprichos de la ONU sean prioridad para las marionetas, inútiles y traicioneros que tenemos como autoridades; los abusos de la policía persiguiendo patinetas, robando legalmente quitando bocinas, extorsionando a gente de trabajo; la protección de las autoridades a los culpables por las muertes del Jet Set; el entreguismo político, Etc.
Se ha violado el artículo 3 de la Constitución Dominicana sobre la no injerencia y se ha permitido a las ONGs haitianas en Santo Domingo lacerar nuestra cultura y ser el gobierno de la República Dominicana. Se ha permitido a los haitianos infiltrarse en la clase política dominicana, en el sector turismo, rutas de transporte, en la medicina, ministerios, en el deporte, en el magisterio, y ni mencionar el área de la construcción. En todas las áreas de nuestra sociedad podemos notar una sustitución de los dominicanos. Las ONGs llevan a cabo campañas difamatorias en contra de la República Dominicana. Otras construyen casas para nuestros enemigos haitianos en nuestro territorio, pero nunca ninguna de esas ONGs haitianas opera para restaurar a Haití, sino más bien operan invadiendo todos los estratos de la sociedad dominicana, ofendiendo nuestra cultura e implementando la suya.
Los haitianos matan dominicanos casi todos los días y el gobierno no hace nada; Migración extorsiona a los haitianos y los deja en nuestro territorio a cambio de dinero, incluso sabiendo el daño que le hacen a la soberanía. Los haitianos han invadido, con ayuda de los traidores dominicanos, nuestro registro civil, y millones de ellos tienen cédula dominicana sin ser dominicanos.
Mujeres y hombres dominicanos traicionan la patria durmiendo con el enemigo y se multiplican creando otra especie enemiga conocida como arrayanos. Podemos mencionar muchas cosas que están debilitando la seguridad y la identidad nacional dominicana, pero no sin mencionar lo más peligroso, algo que todos los dominicanos vamos a lamentar haber omitido: este 27 de febrero y todos los días venideros, los dominicanos debemos reflexionar sobre la aberrante incursión haitiana en la clase política dominicana y en las filas de nuestra policía y demás instituciones castrenses; es el acto de alta traición más grande cometido por los políticos traidores de los últimos 30 años. Poner un uniforme militar y/o policial, y un arma de fuego a disposición de un enemigo histórico, es el acto terrorista y suicida más grande cometido en contra del pueblo dominicano; es una bofetada a la moral y a la dignidad del pueblo dominicano.
Permitir a nacionales haitianos o descendientes de estos penetrar en la clase política dominicana es el acto imperdonable de alta traición más siniestro y de alto riesgo cometido por los que deben blindar y cuidar nuestra identidad. Una vergüenza, una ofensa, un descaro, una provocación.
El poder ha sido entregado a los haitianos en bandeja de plata para asesinar a los dominicanos. El poder ha sido entregado a los enemigos por las mismas personas a las cuales los dominicanos les confiaron el bienestar del país; por los políticos y las autoridades dominicanas que traicionaron la patria. Este 27 de febrero del año 2026 celebramos la independencia que no tenemos, porque el enemigo esta vez no solo invadió, sino que fue invitado por los traidores.
Código Patria es un movimiento cívico, pero entendemos que no hay solución política o pacífica para la invasión haitiana. Este 27 de febrero no parece una celebración de independencia, sino la unificación de la isla; en los desfiles escolares y militares se puede ver, con desprecio e indignación, una inmensa cantidad de haitianos enemigos. ¿Qué daño tan grande hizo el pueblo dominicano a los políticos para merecer tan aberrante traición?
La mejor manera de honrar la memoria y el legado de nuestros héroes libertadores, de defender nuestra identidad nacional, es el pueblo dominicano dando escarmiento a los traidores y sacando del país a los enemigos invasores.
Esta carta a los dominicanos es la versión pesimista del movimiento Código Patria de celebrar la independencia que no tenemos. No somos libres, no somos independientes. Porque el enemigo está en casa; el enemigo está aquí desfilando en el carnaval vegano, en el malecón de Santo Domingo, en los desfiles escolares, en el desfile del Ejército Dominicano. El enemigo invadió y fue bien recibido por los traidores. Le fallamos a nuestros Padres de la Patria. No hay nada que celebrar.