Juan Pablo Duarte,

hoy, en el día de tu natalicio, te rendimos un inmenso y profundo agradecimiento. Gracias por haber entregado tu vida, tus sueños y tu sangre para legarnos una patria libre, soberana y digna. Gracias por enfrentarte con valentía a los enemigos de nuestra nación y por sembrar, junto a tus nobles compañeros de lucha, el ideal sagrado de la dominicanidad.

Pero este día no solo es de gratitud; también es de tristeza, pesar y vergüenza histórica. Te hemos fallado. Hemos fallado en custodiar tu legado, en defender con firmeza la patria que conquistaste con sacrificio. Aquellos enemigos que derrotaste con heroísmo hoy han vuelto a adueñarse del territorio que defendiste, no solo por su insistencia, sino por la traición de dominicanos que, olvidando su origen y su deber, les han abierto las puertas y les han servido de apoyo.

A ti, Padre de la Patria, te pedimos perdón por no haber estado a la altura de tu ejemplo. Que tu memoria nos juzgue, pero también nos despierte. Que tu sacrificio no haya sido en vano y que el espíritu de tu lucha vuelva a encender la conciencia nacional, para que la patria que forjaste vuelva a ser defendida con honor, lealtad y amor verdadero.